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Madrid & Barcelona: una nueva (gran) oportunidad

En estos tiempos de fundado desconcierto por lo que ha supuesto, supone y supondrá la pandemia puede ser útil tratar de sacar alguna lección de todo esto. No soy de los que opinan que a esta inesperada crisis sanitaria haya que atribuirle, además, una “dimensión moral“, esto es, que debamos salir de la misma purgando por unos supuestos errores de nuestro modelo social y con un propósito de enmienda de no volver nunca más a la sociedad que teníamos en febrero. Esta aproximación de algunos me parece in- justificada, absurda y, sobre todo, poco útil y realista.

Pero esta crisis global, que nos co- loca a todos de nuevo en una posición de salida, puede ser también una gran oportunidad para extraer conclusiones y mejorar algunos de las muchos aspectos que podían ser mejorados de nuestro país (con una historia de éxito y progreso de más de 40 años, no lo olvidemos).

Uno de los aspectos más evidentes de la situación que hemos vivido es que ha puesto claramente de manifiesto la importancia del entorno urbano. Hemos podido ver con más claridad todavía que es en las ciudades donde el ser humano debe hacer frente a casi todos los desafíos de nuestro tiempo: la configuración de nuestro comercio; la nueva movilidad; la necesidad de un urbanismo que promueva un parque de viviendas en alquiler a precio asequible; la necesaria gestión del éxito turístico (que volverá, ¡aunque ahora nos parezca lejano!); el acceso cercano a un sistema sanitario descentralizado; el uso de las infraestructuras tecnológicas que nos garanticen un entorno digital para el ocio o el teletrabajo, etc. Estos son solo algunos ejemplos de cómo las ciudades son hoy el en- torno ideal para mejorar la calidad de vida y nuestra capacidad de respuesta para el futuro.

En esta dimensión urbana el papel de las “ciudades globales“ es clave. Existe una evidencia cada vez más indiscutible de que en nuestro mundo el factor clave para el desarrollo económico es el talento. Ésta es la materia prima más escasa. En donde se crea, se retiene y se atrae talento llega (más pronto que tarde) capital en magnitudes muy relevantes que impulsa el desarrollo económico y el bienestar. Por lo tanto, en un momento donde nos preguntamos cómo podremos impulsar de nuevo nuestra economía es más pertinente que nunca poner en el centro de nuestro análisis al talento.

España cuenta con un valiosísimo activo pocas veces explotado proactivamente: dispone de dos ciudades globales muy atractivas en el mundo para desarrollar y atraer talento. Madrid y Barcelona aparecen en todas las clasificaciones de ciudades a las que los emprendedores del mundo, científicos y creadores querrían desplazarse para desarrollar su proyecto vital.

Madrid y Barcelona comparten más que lo que las separa en el reto de salir de la crisis

En la carrera por salir ganadores de esta crisis, por hacer frente con éxito a los enormes desafíos a los que nos enfrentamos, Barcelona y Madrid comparten mucho más de lo que las separa. Deberían aprender de los elementos que han ayudado al éxito de cada una y podrían hacer frente común a muchos retos que el presente ya nos plantea de manera ineludible. Ésta es una gran oportunidad como país y precisa de una visión ambiciosa, no solo desde el ámbito municipal, sino también desde el Gobierno, ya que impulsar una auténtica agenda de Grandes Ciudades sería aprovechar nuestros activos de una manera muy eficiente, además de que serviría para aportar aire fresco al complejo momento político.

Barcelona puede aprender de Madrid las ventajas de una gobernanza metropolitana consolidada. Recordemos que para poblaciones y dimensiones similares (3 millones de habitantes y 600 kms2) donde en Madrid gobierna un ayuntamiento en Barcelona son 36 (¡!), dificultando una gestión eficaz del urbanismo, la movilidad o el medioambiente. Y en sentido inverso, Madrid puede aprender mucho de cómo Barcelona se ha convertido en uno de los hubs de emprendedores más relevantes de Europa o de cómo la gestión del éxito turístico debe incorporarse a la agenda de ciudad cuanto antes.

En resumen, tenemos por delante desafíos colosales donde la gestión será clave y el liderazgo público-privado imprescindible, no solo en la provisión de recursos sino en buscar “otra manera de hacer las cosas“. Identifiquemos cuanto antes nuestras fortalezas (que son muchas) y busquemos la cooperación y no la rivalidad como motor de desarrollo. En 10 años habrá ganadores y perdedores de esta situación y tenemos muchas más probabilidades de estar entre los primeros si lo hacemos jun- tos que por separado. La crisis ha demostrado que en tiempos complejos hay que buscar soluciones inesperadas para resolver los retos y que la ciudadanía reclama grandes acuerdos para avanzar. ¿Y si empezamos por nuestras dos grandes ciudades globales?

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