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La crisis no revela nada nuevo; por Andrés Luther

Andrés Luther. Hasta 2014, jefe de comunicación global para uno de los dos principales bancos suizos. Hoy, emprendedor que asesora a empresas en estrategia, branding y comunicación.

Una forma poco sostenible de turismo eclipsa la visión de la Barcelona altamente cualificada y emprendedora

¿Qué destacarías de la gestión que ha hecho de la crisis tu ciudad de residencia?

Las relaciones de Suiza con China son estrechas y desde muy pronto se supo del COVID-19. Suiza se sorprendió por la furia del virus en Italia. El Carnaval de Basilea se canceló con algunas quejas, al igual que el salón del automóvil en Ginebra. La situación se entendió, aunque emocionalmente aún no se podía percibir el peligro. El confinamiento fue ordenado a tiempo y evitó consecuencias peores. Suiza es radicalmente federal: la gestión política es equilibrada entre el gobierno central, los cantones y los municipios. Frente a la crisis, la Confederación (Estado Suizo) tomó las riendas, el Consejo Federal (gobierno) asumió el liderazgo desde Berna y las ciudades y cantones aceptaron agradecidos. Todos remaban en la misma dirección. Los derechos políticos fueron cedidos al gobierno central sin oposición. Todas las fuerzas se concentraron en encontrar soluciones.

¿Cómo se ha visto la gestión de Barcelona desde tu ciudad?

En Suiza, la situación en Italia moldeó la percepción de la crisis en el sur de Europa. España quedó al margen, más aún Barcelona. La lucha política en Madrid sirvió para ilustrar cómo el cinismo político puede actuar e ignorar las necesidades de la población. La postura inicial del ministro de finanzas holandés hacia Italia y España reforzó la opinión de que Europa no muestra suficiente solidaridad ante una emergencia. Barcelona no figuraba en las noticias, aunque más tarde se puso en relieve la solidaridad entre sus ciudadanos. Y se habló de la ausencia de turistas y la ambigüedad de los residentes, ​​que disfrutaban recuperando la ciudad, aunque al mismo tiempo estaban preocupados por las consecuencias económicas. Desde Suiza, Ada Colau fue percibida como alcaldesa y no como personaje político. A pesar de la dureza vivida, la crisis no impactó en la imagen de Barcelona.

Propuesta para Barcelona

La crisis no revela nada nuevo: una forma poco sostenible de turismo eclipsa la visión de la Barcelona altamente cualificada y emprendedora. Deben seguirse haciendo esfuerzos para asignar y gestionar los recursos para que contribuyan a un modelo de crecimiento de alta calidad y sostenible. La democracia directa y el sistema político en Suiza a menudo es citado como referencia en Cataluña. Esta tradición participativa ciertamente ha ayudado en esta crisis. Existe la confianza de que el estado está en manos de todos, pero también rige la convicción de que la participación se basa en el consenso y no en la confrontación. Si en la vida cotidiana buscamos y mantenemos lo que nos une, resulta mucho mas fácil actuar juntos en caso de una emergencia. Las próximas semanas mostrarán si, a largo plazo, el sentido común tendrá más fuerza que el individualismo.

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